(106) Euforia, pánico y progreso: anatomía de las burbujas financieras (y el dilema de la IA)


En el mundo de las finanzas y la economía, pocos fenómenos son tan fascinantes, destructivos y, paradójicamente, creativos como las burbujas financieras. A lo largo de mi carrera, desde mis inicios en Arthur Andersen hasta mi etapa actual como socio en Auren, he visto cómo los ciclos económicos fluctúan, pero las burbujas tienen una psicología propia. Son momentos donde la realidad se suspende y la esperanza (o la codicia) toma el control.

Pero, ¿qué es exactamente una burbuja? ¿Por qué, a pesar de la historia y los datos, seguimos cayendo en ellas? Y la pregunta del millón que ronda las salas de juntas y los mercados hoy: ¿Estamos viviendo una burbuja con la Inteligencia Artificial?

¿Qué es una burbuja financiera? La desconexión de la realidad

En términos académicos, una burbuja financiera ocurre cuando el precio de un activo se infla muy por encima de su valor intrínseco o fundamental. Es una subida de precios injustificada basada en la especulación y en la creencia irracional de que el precio seguirá subiendo indefinidamente.

Imagina una goma. El valor real de una empresa (sus flujos de caja, sus activos, su capacidad de generar beneficios) es un extremo. El precio de su acción es el otro. En un mercado sano, la goma se estira y se encoge ligeramente. En una burbuja, el precio se estira tanto que la tensión se vuelve insostenible. Eventualmente, la goma se rompe (el estallido) y el precio cae, a menudo por debajo de su valor real (overshooting).

El economista Hyman Minsky definió muy bien este ciclo en cinco fases:

  1. Desplazamiento: Una novedad (tecnológica o financiera) cambia el paradigma.
  2. Boom: Los precios suben despacio al principio, atrayendo atención.
  3. Euforia: La precaución se tira por la ventana. Entra el «dinero tonto» (inversores no expertos).
  4. Toma de beneficios: Los inversores inteligentes («dinero listo») empiezan a vender.
  5. Pánico: La burbuja estalla, todos quieren salir a la vez y no hay compradores.

Un paseo por la historia: de tulipanes a hipotecas

Para entender el futuro, como buen aficionado a la historia, siempre creo que hay que mirar al pasado. Las burbujas no son un invento moderno; son intrínsecas a la naturaleza humana.

  • La Tulipomanía (1637): En los Países Bajos, el precio de un solo bulbo de tulipán llegó a valer lo mismo que una casa lujosa en Ámsterdam. Fue la primera gran burbuja documentada. Cuando estalló, no cambió nada fundamental en la economía, pero arruinó a miles de especuladores.
  • La Compañía de los Mares del Sur (1720): Una burbuja basada en la especulación sobre el comercio con América del Sur. Atrapó incluso a Isaac Newton, quien tras perder una fortuna dijo: «Puedo calcular el movimiento de los cuerpos celestes, pero no la locura de la gente».
  • La Burbuja de las «Punto com» (2000): Esta nos toca más de cerca. Cualquier empresa con «.com» en su nombre recibía valoraciones millonarias sin haber generado un solo euro de beneficio. El Nasdaq perdió el 78% de su valor cuando estalló.
  • La Burbuja Inmobiliaria y Crediticia (2008): Quizás la más dolorosa por su impacto en la economía real. Se basó en la premisa falsa de que «los precios de la vivienda nunca bajan» y en la ingeniería financiera opaca.

¿Por qué no las detectamos? la psicología del «Esta vez es diferente»

Si las señales son tan claras a posteriori, ¿por qué no las vemos en el momento? La respuesta no está en las matemáticas, sino en la psicología.

  1. FOMO (Fear Of Missing Out): Ver al vecino enriquecerse con criptomonedas o acciones tecnológicas genera una ansiedad social que empuja a invertir sin análisis.
  2. Sesgo de confirmación: En medio de una burbuja, solo leemos noticias que confirman que la subida continuará e ignoramos las advertencias.
  3. La falacia de «Esta vez es diferente»: Sir John Templeton dijo que estas son las cuatro palabras más peligrosas en la inversión. Creemos que las nuevas tecnologías o paradigmas han eliminado las viejas reglas de valoración.

Los ganadores, los perdedores y el «lado bueno» de la burbuja

Solemos ver las burbujas como eventos puramente negativos, pero la realidad es más matizada.

Los Perjudicados: Generalmente, el pequeño inversor (retail) que entra en la fase de euforia, a menudo apalancado (pidiendo dinero prestado). También sufren los empleados de las empresas que quiebran y la economía real si el estallido provoca una recesión (como en 2008).

Los Beneficiados: Los que entran en la fase de «desplazamiento» y venden en la fase de «euforia». También los «vendedores de picos y palas». En la fiebre del oro, quien más ganó no fue el buscador de oro, sino quien vendía las herramientas. Hoy, serían las empresas que venden los chips o la infraestructura, independientemente de quién gane la carrera final. ¿Quién no conoce a Nvidia? Considerada en la actualidad, la vendedora de picos y palas de la IA.

¿Qué cosas buenas puede traer una burbuja? Aquí entra un concepto interesante: La destrucción creativa. Muchas burbujas financian infraestructuras que, tras el estallido, quedan como un bien para la sociedad a un coste hundido.

  • La burbuja de los ferrocarriles en el siglo XIX dejó miles de kilómetros de vías que vertebraron países.
  • La burbuja de las «.com» dejó miles de kilómetros de fibra óptica oscura que luego permitieron el nacimiento del internet moderno, el streaming y la nube. El capital se «quema», los inversores pierden, pero la infraestructura y la innovación permanecen.

Señales de alerta: ¿Cómo detectar una burbuja?

Como consultor financiero, siempre busco métricas tangibles. No existe una alarma infalible, pero sí indicadores de sobrecalentamiento:

  1. PER (Price to Earnings Ratio) extremos: Cuando se paga 100 veces el beneficio de una empresa, se está descontando un crecimiento perfecto durante décadas.
  2. Desconexión con el PIB: El «Indicador Buffett» compara la capitalización total del mercado bursátil con el PIB del país. Si el mercado vale mucho más que la economía real, cuidado.
  3. Apalancamiento excesivo: Cuando la gente pide créditos para comprar acciones o activos, el sistema se vuelve frágil.
  4. Narrativas sobre métricas: Cuando los analistas empiezan a inventar nuevas métricas («clicks», «visitas», «usuarios potenciales») porque las métricas tradicionales (beneficios, EBITDA, flujo de caja) no justifican el precio.

El gran debate actual: ¿Es la IA una burbuja?

Llegamos al punto caliente de 2024-2025. La Inteligencia Artificial Generativa ha disparado las valoraciones de empresas como NVIDIA, Microsoft y otras tecnológicas. ¿Estamos ante una repetición del año 2000 o ante una revolución industrial real?

Argumentos: Por qué SÍ podría ser una burbuja

  1. El CAPEX masivo sin retorno inmediato: Las grandes tecnológicas («Hyperscalers») están invirtiendo cientos de miles de millones de dólares en centros de datos y GPUs. Sin embargo, los ingresos generados por software de IA (SaaS) aún son una fracción de esa inversión. Si no hay un retorno claro pronto, la inversión se frenará en seco.
  2. Concentración del mercado: Gran parte de las ganancias del S&P 500 se deben a un puñado de empresas («Los 7 Magníficos»). Si una falla, arrastra al índice.
  3. Hype vs. Realidad: Aunque la tecnología es impresionante, la adopción real en empresas no tecnológicas (la economía real) va más lenta de lo que el mercado de valores descuenta. Hay mucha «prueba de concepto» y poca «implementación a escala» todavía.

Argumentos: Por qué NO es una burbuja (o es diferente a la del 2000)

  1. Calidad de las empresas: A diferencia de las «.com», que no tenían ingresos, las empresas que lideran la IA hoy (Microsoft, Google, Meta, Nvidia) son máquinas de generar efectivo. Tienen balances sólidos y beneficios reales gigantescos. No son humo.
  2. Productividad real: La IA no es solo especulación; ofrece mejoras de productividad tangibles y medibles en programación, atención al cliente y creación de contenido. Hay un valor fundamental subyacente.
  3. Valoraciones exigentes pero no imposibles: Aunque los ratios son altos, no están (en general) en los niveles absurdos de la burbuja de Japón en los 80 o las «.com» en el 2000, si ajustamos por el crecimiento esperado de sus beneficios.

Conclusión

Las burbujas son inevitables porque son humanas. Son el reflejo de nuestro optimismo desmedido y nuestro miedo a perder. Como inversores o empresarios, nuestra tarea no es predecir el día exacto en que estallará (nadie puede), sino gestionar nuestra exposición al riesgo.

En el caso de la IA, es probable que estemos en un periodo de exuberancia, pero fundamentado en una tecnología revolucionaria. Seguramente veremos una corrección —una limpieza de las empresas que prometen mucho y no entregan nada—, pero los líderes que sobrevivan definirán la economía de las próximas décadas.

La clave, como en el deporte de fondo que tanto me gusta, es la resistencia y la disciplina. No dejarse llevar por el sprint de la euforia, sino mantener un ritmo sostenible, diversificado y basado en fundamentos sólidos. Porque cuando la marea de la burbuja baja, es cuando se ve quién nadaba desnudo, parafraseando a Warren Buffet.

«Recuerda: En las inversiones, como en el deporte de fondo, lo importante no es quién sale más rápido, sino quién llega a la meta entero.»José Luis

Checklist: El Detector de Burbujas de José Luis

Publicado por José Luis

un financiero, con alma de comercial; un comercial, con formación financiera

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