En el ecosistema financiero y empresarial, no siempre la estructura más compleja es la más eficiente. A menudo, la necesidad de financiar un proyecto o de asociarse con un tercero requiere de una agilidad que la constitución de una sociedad mercantil tradicional (como una SL o una SA) no puede ofrecer. Es aquí donde emerge una figura jurídica centenaria, pero plenamente vigente: el contrato de cuentas en participación.
