Las organizaciones invierten una cantidad ingente de recursos en la fijación de metas anuales. Hacia el final de cada ejercicio, los comités de dirección se encierran para proyectar crecimientos a doble dígito, expansiones de cuota de mercado o reducciones drásticas de costes operativos. Sin embargo, estas metas corporativas sufren de una paradoja psicológica y operativa implacable: o te mantienen en un estado de insatisfacción y «fracaso» continuo hasta que las alcanzas, o te dejan en un profundo vacío de dirección una vez conseguidas.
