Hay libros que uno termina y puede describir en unas pocas líneas. Otros, en cambio, no se dejan definir tan fácilmente. No porque sean necesariamente mejores, sino porque algunas de sus ideas empiezan a mezclarse con preguntas que ya estaban ahí, esperando.
Eso es lo que me ha ocurrido con El libro de Elon Musk, de Eric Jorgenson.
